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2007/08/29

Por qué el modelo de maternidad está en transición


La mujer actual busca una nueva manera de ser madre, pero aún no la encuentra. Está atrapada en un mundo en el que tiene cada vez más oportunidades, pero aún no sabe bien cómo adecuarlas con sus obligaciones familiares. Esto se traduce en una gran inseguridad y una sensación de tensión permanente. Aquí, identificamos cuatro modelos de madres conflictuadas: la culposa, la que genera cambios, la frustrada y la depresiva.

La siquiatra infantil y perinatal francesa Françoise Molénat lleva años trabajando en la unidad de primera infancia del hospital universitario de Montpellier. Ahí, le toca atender a mujeres embarazadas o que recién fueron madres, y en los últimos años dice haber identificado un nuevo fenómeno que aún la sorprende. 'En mi consulta, veo muchas madres jóvenes con guaguas chicas, y lo que más me impresiona es la inseguridad de esas madres, la inseguridad de los padres de hoy', asegura esta doctora –quien es también presidenta de la Asociación de Formación e Investigación del Niño y su Ambiente de Francia–, pocas horas después de aterrizar en Santiago para participar en las Jornadas Internacionales de Salud Mental Perinatal organizadas por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

En cifras, dice la doctora Molénat, esa inseguridad se expresa en una tasa de 10 a 20% de madres con depresión posparto a nivel mundial. En su consulta, se expresa a través de temores variados, que empiezan justo antes del nacimiento de los hijos, bajo la forma del miedo al parto o a que el niño no nazca sano, y siguen después con el temor a no hacerlo bien, a no estar a la altura de las necesidades del recién nacido.

'Uno encuentra de manera muy frecuente madres con este miedo a no lograrlo, con una mala imagen de sí mismas y aisladas. Hay una fragilidad narcisista en la manera en que se perciben como madres. Temen no ser buenas mamás, se preguntan si su hijo las va a querer, si van a entender cuáles son sus necesidades, si van a ser capaces de entender cuando la guagua las llama, si van a tener los gestos adecuados o incluso si van a tener derecho a hacer tal o cual cosa', asegura la experta, autora de varios libros sobre embarazo y maternidad.

Y eso inevitablemente tiene repercusiones sobre la crianza. 'Ocuparse de una guagua pasa por las emociones. Por supuesto que hay que saber un mínimo sobre los gestos que es importante tener con ellas, pero los gestos pasan por el cuerpo. No es un proceso intelectual. La guagua crece con el placer en la relación, entonces, si no hay placer en ese lazo porque la madre está tensa o asustada, el hijo reacciona: se pone inquieto, duerme y come mal, llora, y en el peor de los casos, aprende a callarse'.

La crisis de identidad
La apertura del mundo público a las mujeres y la aparición de nuevas alternativas de desarrollo personal han sido avances difíciles de manejar para el género femenino. No sólo ha implicado que aprendan a equilibrar sus tiempos para compatibilizar vida personal y profesional, y que desarrollen recursos para encarar las exigencias que enfrentan en esos distintos ámbitos. También las ha llevado a cuestionar su imagen de madre. Y muchas veces lo viven como una crisis de identidad.

María Elisa Molina, doctora en sicología de la Universidad Católica y terapeuta familiar, ha convertido la evolución del concepto de maternidad en el tiempo en uno de sus principales focos de interés. Según ella, la mujer vive hoy un momento de conflicto.

'Hoy, una mujer que es madre no sólo quiere criar bien a sus hijos. Se valida como persona siendo una buena mamá, pero también desarrollándose profesionalmente o entreteniéndose, y eso le genera un conflicto', dice.

Hasta mediados del siglo pasado, explica Molina, el modelo de maternidad que predominaba era el de la madre perfecta, una mujer que veía la maternidad como un deber intensivo, exclusivo y que se creía muchas veces omnipotente. 'La madre adecuada era la que tenía muchos hijos, la que permanecía en la casa, la que estaba cargo del ambiente privado y de la moral de la familia. La madre era también quien apoyaba al marido en su esfuerzo como proveedor y como hombre que tiene que ir a realizar una acción sobre la sociedad', explica.

En ese esquema rígido, las madres subordinaban sus propios deseos y se excluían de otras áreas de realización para dedicarse totalmente a la crianza. Las cosas han cambiado y la mujer tiene hoy derecho a la autorrealización y la autosatisfacción. Pero el discurso social respecto del rol que debiera tener la madre es ambiguo. 'La mujer, para poder abrirse espacio, necesita cuestionarse la maternidad. Ya se da cuenta de que no es omnipotente, de que no lo hace todo bien. Se da cuenta de que no es la única a cargo de todo el ambiente privado de la casa porque resulta que, de alguna manera, lo privado dejó de ser privado. Actualmente, tiene que compartir las tareas de crianza con el padre, por cierto, pero también con el colegio, el médico, el jardín infantil. Se encuentra con que no es perfecta, con que no es una madre exclusiva. Pero los discursos antiguos no están superados, todavía son válidos los modelos clásicos de maternidad. Entonces la exigencia a la madre sigue', asegura María Elisa Molina.

Molénat concuerda. La experta francesa cree que el cambio de estatus de la mujer en la sociedad ha hecho que sienta la necesidad de demostrar que se la puede tanto en el ámbito del trabajo como en el desarrollo de una buena imagen de sí misma como madre. A eso se suma la aparición de la anticoncepción, que puso una carga más sobre los hombros de las parejas con familia: como la mayoría de las veces la llegada de un hijo es algo elegido y deseado, sienten que no tienen derecho al error.

'Las madres interiorizan esta idealización que existe de la mujer que lo hace todo bien, esta exigencia social de estar a la altura y, por lo tanto, no se atreven a pedir ayuda. Traer un hijo al mundo implica por definición estar vulnerable y necesitar no estar sola. Sin embargo, estamos en una sociedad en la que ser autónoma, arreglárselas sola, es un valor, y necesitar a otro, atreverse a decir que uno no se siente capaz de enfrentar la maternidad o que necesita ayuda, no es bien visto', lamenta Molénat.

Otro elemento importante, según la experta, está vinculado con el hecho de que las habilidades que le permiten a las mujeres ser exitosas en el ámbito público no corresponden a las que requiere la maternidad y el desarrollo de un buen apego entre madre e hijo. Y eso también genera inseguridad. 'Ser una mujer activa requiere muchos procesos racionales: sentirse segura de sí misma, tener una profesión, someterse a exigencias de trabajo, de ambiente, de ritmos, y tener un hijo implica una gran parte de irracionalidad', afirma.

En este contexto, asegura María Elisa Molina, es muy difícil que la mujer de hoy viva la maternidad de manera serena. Para ella, la madre contemporánea es esencialmente conflictuada; es una mujer que está buscando un nuevo modelo de maternidad, pero aún no lo encuentra. 'Queremos encontrar nuevas respuestas, que ya no pueden caer en las estructuras rígidas que existían antes. Por eso hay una crisis de la identidad parental. Hay mucho menos seguridad respecto de los modelos de crianza que se utilizan y mucho menos racionalidad en las normas que se toman. La acción de los padres es mucho más improvisada'. ya

Los cuatro estilos de madre conflictuada
En el escenario actual, la sicóloga María Elisa Molina identifica cuatro modelos de madres conflictuadas que no son excluyentes el uno del otro: la madre culposa, la que genera cambios, la frustrada y la depresiva.

La madre culposa:
La culpa es, sin duda, uno de los elementos que más caracteriza a las madres de hoy. Según María Elisa Molina, el juicio social siempre está atrasado respecto de los avances que experimenta la sociedad. Hoy aún se tiende a criticar a la madre de familia que opta por privilegiar su desarrollo profesional. 'La mujer que acepta un cargo de alta responsabilidad, por ejemplo, muchas veces se enfrenta al juicio social de que abandonó a sus hijos', dice.

Lo más probable es que esa mujer busque compensar esa culpa de una u otra manera. 'Son las madres que están creando formas de compensaciones rituales, como celebrarle los quince años al hijo e irse de viaje con él para compensar, por ejemplo, lo que no se ha podido vivir en forma permanente'.

También existen formas de compensación menos sanas, como las recompensas materiales y la cultura permisiva. 'Uno ve cotidianamente que muchas no pueden tolerar la angustia que les provoca la mala conducta de un niño, sobre todo en un espacio público, y que acallan una pataleta comprándole un helado o un dulce. Eso sucede porque el juicio social las hace dudar de si lo están haciendo bien, entonces sienten que no pueden permitir que el hijo sufra por ningún motivo. La madre que está con culpa siente que si el hijo sufre, es por culpa de ella", explica Molina.

La madre que genera cambios:
Es la madre que está consciente de que no quiere seguir el modelo antiguo de madre omnipotente y que aspira a desarrollarse como persona en otros ámbitos. Su conflicto es que quiere tener una participación en la sociedad, pero aún no sabe cómo lo va a hacer para cuidar su casa al mismo tiempo. Al buscar nuevas formas de expresarse y de autovalidarse, esta madre genera una crisis que lleva al establecimiento de nuevos acuerdos de parentalidad y convivencia en la pareja o, en el peor de los casos, a un quiebre.

Según María Elisa Molina, esta madre tiene la ventaja de poder presentarle a sus hijos una visión del mundo en transformación. 'Es una madre que incorpora la reflexión en la relación con sus hijos. No trae verdades ya editadas, sino que construye la realidad con el hijo y también aprende de las necesidades que el hijo le va presentando, porque ella no tiene todas las respuestas'.

La madre frustrada:
Es la madre que se somete al antiguo modelo de maternidad aunque éste no le acomode. Es la mamá perfecta, la que no cuestiona los cánones, sigue a cargo del ámbito privado y pone toda su autovaloración en la maternidad. Generalmente, no cuestiona el modelo tradicional, porque perder esa fuente de valoración la angustia mucho. También puede que se mantenga en ese rol exclusivo de madre porque siente, culturalmente, que es una obligación y no vive su opción en libertad. El riesgo de estas mujeres en la sociedad actual es que se encuentren algún día sin tareas, porque la organización social es tal que las responsabilidades parentales son más compartidas (por la iglesia, los colegios, los scouts, etc...). También puede pasar que se sientan poco valoradas por esta sociedad, que destaca cada vez más a las mujeres que se realizan en el ámbito público.

La madre depresiva:
Al incorporarse de manera más determinante al ámbito público de la sociedad, las madres se enfrentan a nuevos desafíos. Ahora no sólo tienen que ser buenas madres, sino que también son profesionales que tienen que competir, y las exigencias se van sumando hasta que se sienten sobrepasadas. 'Ella entra a un mundo en el cual tiene que jugársela para tener un lugar y así todas las alternativas que se le van presentando exigen que desarrolle nuevas competencias que no tenía; eso puede generarle trastornos de distintos tipos y llevarla a la depresión cuando siente que no se la puede', explica María Elisa Molina.

Fuente: Revista Ya. El Mercurio. Daniela Mohor W

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2007/08/26

En defensa de los padres


Pobres padres. Desde que la psicología se puso de moda empezaron a culparlos por todo. No es de extrañar, entonces, que siempre anden estresados. A cada rato un artículo en internet, periódico o revista les recuerda todo lo que están haciendo mal o podrían hacer mejor. Y basta que uno de sus hijos tenga un problema, se angustie, exprese un temor o no se ajuste a alguna norma, para que se sientan un fracaso. Cuando los niños son chicos, los padres se desviven por satisfacer todas sus demandas con tal de evitarles una frustración.
A medida que van creciendo, los problemas tienden a aumentar junto con la talla y el peso; requiriendo de más tino, más paciencia, más gastos y más comunicación. Si en el siglo pasado se idealizó al "buen hijo", preocupado y custodio de sus padres, en nuestros tiempos la balanza se dio vuelta radicalmente. Hoy en día lo que cuenta son los deberes de los padres y los derechos de los hijos. A los "buenos padres" se les exige sentirse responsables de la conducta, los sueños, la felicidad y el alimento de los hijos desde que nacen... hasta siempre. Y sin esperar mucho a cambio

Como no se habla de las consecuencias emocionales que los hijos tienen en sus padres, se da por sentado que ser padre siempre es un placer. Pocos se atreven a hablar, sin sentirse culpables, de los sinsabores y aflicciones que este vínculo también puede provocar. La dificultad para reconocer que la influencia en la salud mental de padres e hijos es recíproca, ha contribuido a transformar en inconfesable cualquier desencanto de los progenitores con sus roles y deberes. Dicho en otras palabras, los padres afectan la psiquis de los hijos, pero ésta es una relación en ambas direcciones. Porque los hijos también influyen e impactan en la salud mental de los padres.

Hace bien decirlo en voz alta: a veces los hijos duelen. Por ejemplo, cuando ponen malas caras o son desagradables o antipáticos; cuando son demandantes o exigentes; cuando no hacen nada por ellos mismos y se enferman, o hacen exactamente lo contrario de lo que les conviene o no escuchan; cuando se hacen daño a sí mismos o a los demás y no aceptan ayuda; cuando no reportan satisfacciones, sino puros dolores de cabeza; cuando andan en malos pasos o malas juntas o se emborrachan o se drogan; cuando son irresponsables o inconstantes; cuando son maleducados o insolentes; cuando son orgullosos, soberbios o displicentes; cuando son aprovechadores o desagradecidos; cuando dan por sentado el afecto y no lo corresponden, o son incapaces de reconocer todo lo que reciben; cuando sólo piden y son poco generosos, o cuando dan y después pasan la cuenta; cuando son distantes o indiferentes; cuando son descontrolados y se pelean con todos y contra todo; cuando son utilitarios, insensibles o egocéntricos; cuando someten a sus padres a desaires, agravios o humillaciones; cuando cuestionan o descalifican o no perdonan, o cuando son rencorosos y enrostran resentimientos del pasado como jueces implacables; cuando se alejan de los padres a medida que éstos envejecen y los dejan solos, o cuando entre varios son incapaces de procurarle el sustento a quien un día los alimentó a todos. En síntesis, cuando pierden el rumbo o se ponen insoportables o no crecen nunca o son injustos o ingratos o malagradecidos o hirientes o hacen sufrir o causan pena.

En fin, los padres no siempre tienen la culpa de todo. Con sus virtudes y flaquezas, al igual que todos los seres humanos, necesitan de amor, respeto, reciprocidad y cuidado. Y les duele mucho cuando se sienten rechazados. Por eso, es importante entender que a veces... de vez en cuando... ocasionalmente... o, por lo menos, a ratos... el infierno se llena no sólo de padres, sino también de hijos.
Fuente: Revista El Sábado. El Mercurio. Eugenia Weinstein


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2007/07/18

Asistencia y Orientación en Salud gratis por teléfono


El Ministerio de Salud (Chile) ha creado un nuevo servicio llamado "Salud Responde" que entrega información, orientación y asistencia telefónica en el momento que cualquier persona lo necesite, las 24 horas, todos los días del año.

Hay que llamar el número 600 360 7777 (costo de llamada local). Allí recibirás asistencia y orientación en Salud, por parte de un equipo de médicos, enfermeras y matronas. Llama si es que:

Tienes un familiar gravemente enfermo en tu casa. O si es que tú estás enferma, te indicarán cómo manejar una enfermedad simple en el hogar o en caso de ser necesario te indicarán a qué centro de salud debes ir o cómo calmar las molestias si tienes que esperar para ello.

También te ofrecen educación para que cuides tu salud y la de tu familia.

En este mismo número también se podrán hacer consultas sobre:
  • Lugares y horarios de atención en hospitales y centros de salud.
  • Trámites de Licencias médicas e incapacidad laboral.
  • Problemas de salud con garantías explícitas AUGE
  • Consultas relacionadas con la Superintendencia de Salud.
  • Denuncias relacionadas con Fiscalización sanitaria en alimentos, medioambiente y salud laboral.
  • Reclamos, Sugerencias y Felicitaciones de la Calidad de atención en establecimientos públicos.

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2007/07/13

Diez consejos prácticos para seguir cuando tu pequeño te esté volviendo loca.

  • La próxima vez que tu pequeño haga un berrinche, fílmalo en video (con cámara de video, celular, o cámara fotográfica digital, etc) Esta objetividad tiene sus ventajas.Además, puedes guardarlo como prueba por si, en el futuro, él le dice a su terapeuta que sus neurosis son culpa tuya.
  • Enciende la radio a todo volumen y baila.La impresión hará que tu niño guarde un momento de silencio, y a ti te permitirá soltar un poco de vapor.Capaz que tu hijo/a se ponga a bailar contigo
  • Llama a una amiga mamá. Las dos podrán compadecerse mutuamente por lo sacrificado que es ser mamá hoy y que los padres no tenga ni idea del asunto.
  • Llévalo afuera. Es posible que tú y tu hijo estén sufriendo claustrofobia sin saberlo. Si el clima es favorable llévalo a la plaza, a la playa o a donde sea por al menos una hora. Si el día es horrible y hace frío, como es lo más probable que sucede conforme Murphy, sube al niño/a al coche –aunque se le salgan los pies y casi toquen el piso- y dále la vuelta a tu cuadra lo más rápido posible.
  • Enciende el televisor. Pon un programa que le guste –no te fíes… siempre es bueno tener algún programa infantil grabado por si acaso- y siéntate cerca de practicar meditación y ejercicios de respiración profunda.
  • Come un pastel, una cucharada de azúcar o cualquier cosa dulce. Puede ser que estés un poco hipoglucémica y sólo necesites levantar un poco el azúcar en la sangre.
  • Ponte de parte de tu hijo/a. Dile, con frases bien adultas –no necesariamente maduras, cabe hacer la mención- los motivos por los cuales su mal humor está justificado. Puedes comenzar así: “Realmente es difícil ponerme en tu lugar, por todo este asunto de los pañales y la pelela. Además, esa incapacidad de articular plenamente tus necesidades y preocupaciones. Por tanto, siempre hay alguien como yo, que abusa de tu confianza para infiltrarte verduras en lso alimentos que deberían tener buen sabor. Y también está ese delicado asunto de la estatura…” Tal vez lo divierta que hables tanto de su tema favorito : él mismo.
  • Búscale un compañero de juego CUANTO ANTES. Ya sabemos que las amigas nos sentimos más seguras en grupo. Aleja de ti parte de la presión y cárgasela a algún desprevenido pequeñito del barrio.
  • Léele alguna novela triste y romántica. A tu hijo le gustará y a ti los sollozos te harán muy bien.
  • Ándate. Implora o paga a alguien para que haga de niñera mientras tú te vas lo más lejos posible. Al mall, al gimnasio, a la playa, a la peluquería, a comer un helado al negocio de la esquina…. Hasta puedes hacer una breve cita –breve porque no incluye “cover”- con tu marido, beben un trago –si es que recuerdas lo es eso y no te duermes o comienzas a hablar payasadas a la mitad del vaso- e intentan recordar en qué estado se encontraban cuando se les ocurrió ser padres.

¿¿Te sirvió??, a mí me sirvió mucho con mi pequeño Bastián. Se lo debemos agradecer a Vicki Iovine.

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¿Tu hijo te pidió un celular de regalo?

El celular es un avance tecnológico que nos permite mayores posibilidades para actuar en la medida en que nos mantenemos en contacto con quienes tenemos una relación de colaboración frente a nuestras tareas cotidianas. Nos sentimos más confiados al saber que contamos con otros a la hora de enfrentar dificultades frente a nuestros desafíos.

El reconocer lo que deseamos y responsabilizarnos por llevarlo a cabo, la confianza en nosotros mismos para enfrentar los desafíos que eso implica, son aspectos fundamentales a desarrollar en el proceso de construir una identidad propia, logro del desarrollo de la persona que se alcanza al fin de la adolescencia.

Durante la etapa escolar, la meta es lograr la capacidad de ser competente en el actuar, lo que dará lugar a un grado de autonomía y confianza que permitirá el desarrollo de una identidad propia.

En esta etapa los niños afianzan la incorporación de los valores y modos de enfrentar la realidad que observan en sus padres y adultos significativos. Esto les permite actuar, aunque ellos no estén presentes. Después, durante la adolescencia, a través de un proceso de cuestionamiento de estos modelos, ellos elegirán lo que harán propio y lo que no. Pero el ingreso a la escuela supone que el niño ya ha logrado cierto grado de independencia afectiva y práctica respecto a sus padres que le permita tolerar su ausencia durante ciertos periodos, llevar a cabo ciertas tareas y enfrentar algunas situaciones solo.

Si el teléfono celular es un instrumento que puede ampliar nuestro rango de acción y el tener acceso a él nos permite confiar en que, si lo necesitamos, alguien nos puede ayudar, cabe preguntarse si su uso entre los niños en etapa escolar favorece el logro progresivo de esta competencia en el actuar. Es decir, si favorece el desarrollo de la capacidad de actuar a partir de la incorporación de los modelos parentales, en lugar de depender de su presencia concreta para llevar a cabo lo que se proponen.

En efecto, el ingreso a la enseñanza básica enfatiza el desafío para el niño de lograr mayor independencia en sus relaciones sociales y responsabilidad en sus tareas. Junto a la alegría que encuentra al compartir con otros niños de su edad, se enfrenta a la angustia de experimentar sus primeros conflictos interpersonales y las dificultades para la realización de sus propósitos sin la presencia segurizante de sus padres. Entonces se pone de manifiesto el grado de capacidad que ha alcanzado para tolerar la frustración y para adaptarse a las reglas que el sistema escolar demanda a los niños.

Si el niño no logra adaptarse al sistema escolar, es necesario que los adultos significativos se preocupen de esta dificultad de su hijo para tolerar la frustración, estar separado de los padres y desenvolverse con cierta autonomía.

El ingreso a la escuela también supone un desafío para los padres, el de ir aceptando que sus hijos paulatinamente los necesiten menos y que se relacionen con otras personas para realizar sus tareas y enfrentar sus dificultades. Al mismo tiempo que deben seguir sosteniéndolos afectivamente en las ocasiones que lo requieran, ayudándolos a reencontrar la seguridad en sí mismos cuando debido a un fracaso transitorio parecen haberla perdido. Esto supone que los padres, junto con la alegría de ver crecer a sus hijos, viven al mismo tiempo una pérdida, la sensación de que los hijos pequeños que los necesitaban a cada momento ya no están requiriéndolos con la misma frecuencia. Este proceso también puede presentar dificultades especiales.

Pero si las cosas van bien, el niño irá afianzando día a día un mayor dominio de sí mismo y manejo de los objetos, adquiriendo habilidades y pudiendo competir, perseverar, ambicionar.

En este proceso, podemos visualizar la función del teléfono celular imaginándonos que los sonidos codificados que se transmiten a través de las ondas electromagnéticas, cumplen el rol de un cordón umbilical invisible o del “tuto” de la infancia que permitía al niño tolerar la ausencia de su madre por un tiempo.

A partir de esta imagen podemos comprender mejor que el celular puede ayudar a que los padres sostengan a sus hijos, si lo usan como un auxilio transitorio para ellos.

Cuando la angustia o la duda en su capacidad paraliza al niño, el celular puede permitir a los padres acogerlo en su angustia y entregarle una guía para actuar desde una posición de confianza en sus capacidades Pero este auxilio de los padres debe ser transitorio e ir orientado a que el niño incorpore para sí mismo la forma de enfrentar el problema sugerida por los padres y que pueda usarla en el futuro.

Para lo que no debe usarse el celular es para servir como presencia permanente de los padres. Esto ocurre cuando deciden que ellos deben resolver los problemas y responder por las responsabilidades de sus hijos frente a sus compañeros y profesores tomando su lugar. Cuando los padres supervisan constantemente las actividades de sus hijos llamándolos con frecuencia cuando se encuentran en su espacio propio, que es la escuela, les están comunicando su duda respecto a sus capacidades de hacer las cosas por sí mismos y su dificultad para tolerar separarse de ellos. Lo cual favorece que los niños desarrollen un sentimiento de inferioridad respecto a su capacidad de ser competentes y una actitud pasiva frente a sus deseos. Es decir que el celular debe incorporarse al proceso de comunicación entre padres e hijos en un marco en que se respeten los espacios de cada uno, como un auxiliar que permite a los padres sostener momentáneamente a sus hijos para que, con esta ayuda, los niños encuentren la manera de resolver por sí mismos los desafíos que se les plantean en su desempeño en la escuela.

En fin, cabe tomar conciencia que el estar con el otro, aun cuando se trata de abordar un problema en conjunto, es lo que permite ir conociéndose a sí mismo a través del escuchar y expresarse frente a la otra persona. Y esto vale para ambos participantes en la comunicación, tanto los padres como los hijos. Esto significa que, cada vez que nos encontramos con un otro, lo que ocurre en un diálogo entre padres e hijo, esa experiencia nos cambia, nos va convirtiendo en las personas que vamos siendo, cada momento de comunicación es valioso para ir construyendo quienes seremos. Esto es así, más aún, en la comunicación entre padres e hijos en que el tiempo disponible va disminuyendo a medida que éstos últimos crecen.

Fuente: Todo Niños

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2007/07/11

¿Cómo educar un hijo único?

Cada vez son más las familias de a tres, o de a dos. Según los últimos datos aportados por el Censo, la opción de las parejas o de hombres y mujeres por tener sólo un hijo está en aumento, motivadas por la escasez de tiempo para dedicarle a los niños, y por el costo económico que implica para las familias tener más de un hijo y mantener, al mismo tiempo, un estándar de vida acomodado.

Sin embargo, por opción o condición biológica, que las familias tengan sólo un hijo trae consigo el peso de la sobreprotección, motivada por la angustia de cuidar la única descendencia de los padres. La atención de los padres cae sobre uno sólo, y las expectativas y las proyecciones del futuro familiar comienzan a girar en torno al único hijo.

Lo bueno y lo malo de ser hijo único

Para Marcela (36), tener más hijos significa quitarle espacio y atención a Felipe (6), su único hijo. “Aunque a mi marido le encanta la idea de tener más hijos, yo pienso que sería quitarle a Felipe parte del tiempo y del amor que le entregamos. No sé, pero soy de la idea que es mucho mejor tener un hijo bien criado y bien educado, que varios a medio cuidar”.

Según la psicóloga Patricia Fernández Bieberach, especialista en la atención de niños y adolescentes, un aspecto positivo en la crianza de los hijos únicos “es que existe una dedicación mayor de los padres hacia el niño. Hay más tiempo para regalonearlos, para conversar con ellos, lo que no ocurre cuando hay 2 o más hijos, porque los padres tienen que dividirse y repartirse para estar un poco con cada uno. En términos de dedicación, hay mucho menos tensión en la relación”.

Sin embargo, en palabras de la propia psicóloga, “esa misma tensión se concentra en las recurrentes actitudes de los padres por evitar el dolor, la frustración y los problemas de cualquier índole en el hijo único, lo que puede derivar en sobreprotección y dificultades para resolver las dificultades por sí solos”.

A juicio de los especialistas, la falta de hermanos deja una huella importante en los hijos únicos. En este sentido, Patricia Fernández señala que en algún momento todos los niños sienten la necesidad de tener un hermano, “y lo piden. Los que no lo consiguen, esta gran cantidad de hijos únicos que vemos hoy, crecen con la necesidad de haber compartido con alguien, con la falta de experiencia que entrega la relación diaria, las peleas, los juegos, las penas y las alegrías”.

Como señala la psicóloga, la falta de hermanos también dificulta el proceso de construcción de identidad una vez que el niño comienza a entrar en la adolescencia, “porque le ha faltado un referente, un punto de comparación a través del cual desempeñar un rol dentro de su familia. Esto hace que la relación con sus padres se vuelva mucho más simbiótica, y que su proceso de individualización sea mucho más lento. En otras palabras, madurar se vuelve una tarea más difícil”.

Tipos de padres

Pero no siempre ser hijo único es un problema, y dependiendo del manejo de los padres esta condición puede incluso convertirse en una situación ventajosa. En este sentido, la familia del niño y el tipo de padres se vuelve un elemento fundamental.

Según Patricia Fernández, “no es lo mismo un hijo único que vive con su padre y su madre, que él que vive con un padre solo o con una madre sola. Si el hijo único vive con ambos padres la tensión está más repartida; existe la posibilidad de que el otro alerfte sobre actitudes que puedan afectar negativamente al niño. Sin embargo, si el hijo único vive sólo con uno de los dos padres, se ve enfrentado a la protección irrestricta de alguno de ellos, ya sea el padre o la madre, sin un otro que contribuya a equilibrar la relación. En ese caso, la atención sobre el hijo es mucho más intensa y, por esto mismo, se vuelve un factor negativo”.

La relación, caracterizada en el dúo madre e hijo o padre e hijo, por una intensa preocupación, se explica mayoritariamente por el temor constante de que algo pueda pasarle al hijo, y perderlo. “Esta es una carga adicional que muchos padres traspasan sin querer a los hijos, volviéndolos más temerosos, recatados y cuidadosos que lo normal”, señala Patricia Fernández. Por otra parte, al llegar a la adolescencia muchas veces la rebeldía se acentúa, debido a la mayor dificultad de los padres para distanciarse del hijo.


El equilibrio en la relación


La psicóloga explica que para mantener una relación equilibrada entre los padres y los hijos únicos, es necesario procurar que si la familia no está constituida por un padre y una madre, alguno de los dos procure que el hijo se relaciones con ambos. “Si los padres están separados o distanciados, en la medida que sea posible siempre es bueno incorporar al otro padre en la relación. Eso protege a los niños de conductas de riesgo, y los hace crecer más libres”, indica la psicóloga.

Si eso no es posible, es necesario proporcionar a los niños un padre o madre sustitutos, porque la imagen paterna y materna es fundamental para un crecimiento y un desarrollo sano. Asimismo, es fundamental que los hijos únicos se relacionen con niños de su edad, y que puedan interactuar, compartir y jugar entre pares.

Para contrarrestar la sobreprotección natural de los padres hacia el hijo único -donde indirecta o directamente el mensaje es: ‘tú sólo no puedes’- es de gran ayuda que los niños realicen alguna actividad extra-programática en la que logren desarrollar sus habilidades. Eso, a juicio de Patricia Fernandez, “les ayudará a fortalecer su autoestima, y a sentirse física y psicológicamente más fuertes ante la mirada temerosa de los padres. De esta manera, el niño logra también desarrollar su individualización, que es muy difícil de conseguir si crece exclusivamente en el contacto con sus padres”.

Fuente: Padres OK

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2007/07/06

Cómo ser madre y no morir en el intento. Consejos anti-estrés


"Lo mejor para mí es tener tiempo para hacer lo que me gusta. Ir al cine, salir a cenar, o simplemente leer. Esa es la manera de desconectarme y de evitar que el estrés me arruine la salud", dice Fernanda Huertas, una mamá de 30 años que cría sola a dos niños.

La vida de la mujer cambia drásticamente con la llegada de un hijo. Ni hablar si son dos, tres o más. Ya no quedan tantos espacios para disfrutar, descansar o simplemente para dedicarse a uno mismo. ¿Qué puedes hacer para luchar con el estrés de criar a un niño y trabajar? ¿Cómo manejar este cambio de vida y no morir en el intento? En una recogida de los consejos de varios especialistas, te cuento las que adoptamos como bandera de lucha diaria mis amigas y yo.

Tú debes poner la pausa
Las madres que padecen de estrés o ansiedad tienen el doble de probabilidades de consultar a médicos cuando sus niños se quejan de dolores de estómago que las madres con menos estrés mental. Esto sólo genera que los niños pasen más horas en la consulta del doctor que jugando. De todas formas, esta no es la única consecuencia del estrés. A esto hay que sumarle todos los problemas de salud que acarrea.

Saca estas palabras de tu vocabulario

Los psicólogos proponen eliminar del vocabulario las palabras "debes", "tienes que", etc. Estas palabras implican un sentido de la urgencia y tienden a poner automáticamente a una mujer en un estado aumentado, más agotador. Rélajate mina!.

Aprender a manejar tu tiempo

La idea es utilizarlo de manera más eficiente (tú puedes lograrlo). Es bueno realizar durante estas épocas ejercicios de relajación. Puedes meditar, lee un buen libro, practicar un hobbie casero, hacer ejercicio, etc. Son actividades que puedes hacer dentro de tu casa mientras tu bebito duerme. Ya sé que estás cansada porque haz debido lavarle ropa a mano con jabón popeye, pero … ya verás que si despejas tu mente un rato y haces algo que a ti te gusta, te sentirás mucho más relajada cuando tu criatura despierte.

Programa tu día

Para eso primero tienes que darte cuenta de que tu vida ha cambiado un poquito –bueno, bastante-, pero no significa que lo que hacías antes yo no puedas seguir haciéndolo. Sólo debes organizarte tu día de otra forma. Si te organizas aliviarás tu tensión. Si en las mañanas te da lata levantarte a preparar el desayuno, deja todo sobre el velador la noche anterior. La idea es ser creativa y no dejar que la situación termine cansándote.

Un segundo en familia

La misma organización propone tomarse un segundo para estar tranquila en familia. Escuchar a los niños, leer junto a ellos, inventar un juego, hablar del día que han tenido, hacer una buena caminata. Una alternativa que funciona y muy bien es la de programar los almuerzos siempre juntos. De esta manera, se puede construir un momento que sea positivo, afectivo y que afiance las relaciones entre los miembros del hogar.

El poder de la respiración

A veces con solo respirar, se puede aliviar ese estrés que, además de molesto, puede dar origen a presión alta, irritabilidad y hasta cólera. Por eso, inhalar y exhalar es un ejercicio sencillo que puede ayudarte. Es de lo más simple y hasta entretenido: respira profundamente, pero no hiper ventiles. Inhala como si estuvieras oliendo el aroma de un perfume que te gusta mucho, por ejemplo. Estira tus brazos altos sobre tu cabeza lentamente y luego exhalas totalmente. Ya verás que al principio te resultará que haces el ridículo… pero luego te gustará.. y hasta puede que tus hijos se te unan, y si son pequeños, puedes convencerlos de que es un juego que se realiza todos los días.

No te vuelvas loca

Tienes un problema, hace tiempo que te da vuelta en la cabeza. Piensas en ello una y otra vez y ¡quieres resolverlo en dos segundos! Imposible. Hay que ser realista: ¡La vida no es una película que resuelve sobre una hora!, calma… relax… respira profundo…. Y lo más importante: toma notas de las posibles soluciones a tu problema. Y luego las cotejas. Cuando yo tengo un problema que no logro sacarme de la cabeza lo escribo, y cada cosa que se me ocurre al respecto la escribo al lado y así hasta que al final se resuelve solo.

Sal a pasear

Es normal que las mamás pasen mucho tiempo dentro de sus casas. Las que trabajan porque quieren disfrutar de esos escasos minutos con sus niños, las que no porque se deben hacer cargo de todas las tareas del hogar, que no son pocas y terminan tan agotadas que ya no les quedan energías para salir y cargar esos bolsos llenos de mudas e ropa y otra infinidad de cosas.

Pero en realidad es fundamental tomar un tiempo para estar afuera. Haz las actividades que te son agradables. Ya sea gimnasia, escucha música, socializa, toma un baño de burbujas, entre otras actividades. Déjale tu hijo a tu mamá, a tu suegra –en algo que contribuya positivamente la señora pues- a una amiga o a tu marido –jejejeje-. Tampoco es por tanto rato.

No tienes que ser superwoman

¿Quieres lavar los platos mientras cocinas y limpias la casa? ¿Pretendes jugar con tu niño, hacer ejercicios y ordenar tu cuarto a la vez? No, todo junto no se puede. Ni siquiera es recomendable. Es más, los expertos dicen que lo mejor para bajar el estrés es justamente hacer menos cosas. Aunque es difícil cuando se tiene un marido que llega a la casa pasando los dedos por sobre los muebles para “fiscalizar” que no haya polvo. Jajaja, pero cómprate un plumero que es más fácil y rápido de usar que el típico pañito amarillo. Ha llegado la hora de simplificar tu vida.

¡Que lo haga otro!

D-E-L-E-G-A-A-A-A. Sé que es difícil, pero es necesario, algunas veces. ¡El hecho que una mujer sea capaz de trabajos múltiples, no significa que deba hacerlos siempre! Terminas encima con la sensación de una gran tensión. ¡Mira tu hogar y ve qué áreas te traen paz y cuáles te ponen ansiosa! Si te parece que a tu casa la agarró un Tsunami no te sentirás tranquila". Si los chiches de las repisas te ponen histérica cada vez que vas a limpiar el polvo, ¡sácalas! Y vuelve a ponerlas cuando los hijos estén en la universidad o se hayan ido de casa.

NUESTRA MÁXIMA DE HOY –Y SIEMPRE- ES ¡¡¡¡RELÁJATE MINA!!!.





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